Recuerdo que estaba en la universidad, estudiando ciencias ambientales, mi yo más idealista, me presentaron la copa menstrual después de 6 años de haber usado toallas desechables y ningún tampón. Aunque la idea me pareció descabellada me sonó muy atractivo ya no generar desechos no biodegradables. Así que me apunté en la aventura gasté $500 pesos, que para el momento era un dineral para esa estudiante idealista. Y probé por primera vez la yuuki clásica, era una copa de república checa, muy rígida con la que siempre tenía fugas y era un martirio ponérmela y quitármela pues por su rigidez me dolía. Aún así amé ya no usar desechables y estar experimentando mi primera revolución, ya no dependía de comprar toallas cada mes, ya no había malos olores ni toallas maolientes en el cesto de basura, de alguna forma me sentí libre.
